Persigo el horizonte que es mi
credo
sobre huellas de un trayecto
patentado
y encuentro en la cumbre,
desolado,
banderas, de mi fe, triste
remedo.
He acallado querencias por el
miedo
y a mis pasos senderos he
cerrado,
pero en rutas mi cuerpo
conformado
ni espíritu será si retrocedo.
No tendrá rastros ni ecos mi
camino,
ni tendrá radiantes gritos de
saetas,
ni guion indeleble, ni azar
divino.
Si Elíseo hallado no es Edén
que anido
y no acierto la clave de mis
metas
allende viviré al confín
prohibido.